Napoleón y Paris: Conversar con los Siglos
Por: Álvaro Julio Martínez:*
Caminar por París no es solo recorrer una ciudad, es conversar con los siglos. A raíz de la actividad institucional que realizamos el pasado 16 de octubre de 2025 en la Sala Louis Liard, Auditorio de la Universidad de la Sorbona, con motivo del 28 aniversario de la Organización de Periodistas Iberoamericanos (OPI), tuvimos el honor de presentar en esa prestigiosa casa de estudios superiores, una conferencia y otorgar el premio Personalidad del Año, a distinguidas figuras del quehacer internacional, al tiempo de recorrer la ciudad y encontrarme una vez más ante la imponente silueta de Los Inválidos.
Conviene recordar que fue Napoleón quien reorganizó por completo el sistema educativo francés y devolvió a la Sorbona su papel central en la vida intelectual de París. A partir de 1806, creó la Universidad Imperial y estableció un modelo altamente centralizado que estructuró la educación desde los liceos la enseñanza media, hasta las facultades superiores. En la Sorbona se instalaron las nuevas facultades de ciencias, artes y teología, concebidas para formar a los futuros maestros y consolidar un sistema nacional de excelencia académica. Esta arquitectura educativa, nacida de su visión de Estado, marcaría la modernización de Francia y perduraría hasta el presente.
Para quien ha dedicado años al estudio de la historia de Napoleón, cada rincón de esa metrópoli resuena con la fuerza de un hombre que, antes de ser emperador, fue un niño devoto de los libros en su natal Ajaccio.
Pocos recuerdan que el genio de Austerlitz se forjó en las bibliotecas. A la temprana edad de ocho años, Napoleón ya encontraba refugio en la Nueva Eloísa de Rousseau, en Voltaire y en el rigor de Plutarco. Aquella maleta que llevó a la Escuela de Brienne no contenía planes de guerra, sino los clásicos de la literatura, incluida la Eneida, conocimientos que moldearon su visión del mundo. Es este amor por la cultura lo que, a mi juicio, otorga una dimensión significativa a su obra.
Al visitar la majestuosa Catedral de Notre Dame, hoy restaurada y vibrante, es imposible no evocar las ceremonias imperiales. Allí, el amor se manifestó en sus formas más complejas, la pasión que aún resuena entre los sauces del castillo Malmaison, residencia privada de Josefina y Napoleon, hoy convertida en Museo; y la alianza con María Luisa de Austria.
Un legado que trasciende el tiempo, desde la figura en tamaño natural que corona la Columna Vendôme, erigida con los cañones capturados en Austerlitz, hasta el adiós definitivo en Fontainebleau, la huella napoleónica recuerda que el liderazgo nace de la voluntad y de la cultura. París sigue siendo el santuario donde la historia se encuentra con la leyenda, y donde el conocimiento se convierte en el verdadero imperio.
*Presidente: Organización de Periodistas Iberoamericanos (OPI)

























