Leo Matiz el hombre que enfocó el infinito
*Alvaro Julio Martinez
Colegio Nacional de Periodistas de Venezuela # 8.440
Hay destellos que sobreviven a toda sombra, la de Leo Matiz, nacido en Aracataca, departamento del Magdalena, es uno de ellos. Aunque dejó su pueblo a muy temprana edad, llevó consigo la luz del Caribe colombiano, esa mezcla de resplandor y misterio que también marcó a su contemporáneo y amigo Gabriel García Márquez. Ambos nacieron bajo el mismo sol y desde lenguajes distintos, terminaron narrando el mundo, uno con palabras, el otro con luz.
Matiz fue un viajero incansable, recorrió continentes, ciudades y desiertos; fotografió guerras, celebraciones, silencios y tempestades. Su lente capturó la intimidad de Frida Kahlo y Diego Rivera, la gracia luminosa de Cantinflas, la energía de Hollywood y la vida profunda de pueblos que parecían suspendidos en el tiempo. En su época fue reconocido entre los diez mejores fotógrafos del mundo, un lugar que nunca buscó, pero que su obra impuso con naturalidad.
Su vida estuvo rodeada de amistades que hoy pertenecen a la historia cultural de Iberoamérica. Fue compadre del escritor Álvaro Mutis, quien bautizó a su hija Alejandra, y con quien compartió conversaciones, viajes y una visión poética del mundo. Mantuvo también una relación entrañable con Fernando Botero y otros creadores que marcaron el siglo XX. Leo Matiz, no solo retrató a los grandes, fue uno de ellos.
En una frase que parece escrita desde la eternidad, dejó su propia declaración de destino, “He sobrevivido a huracanes, he visto nacer volcanes, ríos desbordados, guerras, y aun así, no puedo dormir, he venido a enfocar el infinito.” Allí está el hombre que entendió que la fotografía no es un oficio, sino un documento histórico y una memoria colectiva.
La continuidad del legado, Alejandra Matiz y la Fundación Leo Matiz, hoy la obra del maestro encuentra su guardiana natural en Alejandra Matiz, presidenta de la Fundación Leo Matiz. Para la Organización de Periodistas Iberoamericanos (OPI), su labor representa un ejemplo de cómo la memoria visual sostiene la identidad de nuestros pueblos. Su trabajo ha sido decisivo para preservar, restaurar y difundir un archivo que forma parte del patrimonio visual de Iberoamérica. Bajo su liderazgo, la Fundación ha impulsado exposiciones internacionales, publicaciones y procesos de conservación que aseguran que la obra de Matiz siga dialogando con las nuevas generaciones.
Leo Matiz vivió con la intensidad de quienes saben que la vida es un instante, su obra permanece como un mapa luminoso del mundo que recorrió, y gracias a la Fundación que lleva su nombre, dirigida con amor por su hija Alejandra, ese mapa sigue creciendo, iluminando y recordándonos que hay miradas como la suya, que no dejan de enfocar el infinito.
*Presidente: Organización de Periodistas Iberoamericanos

























