La obra de la fotógrafa del XIX Gabrielle Hébert se despide de París para viajar a Roma
 11 febrero, 2026
París, 11 feb (EFE).- La exposición temporal de la obra de Gabrielle Hébert (1853-1934), fotógrafa decimonónica conocida por su matrimonio con el pintor francés Ernest Hébert, encara su última semana en el Museo de Orsay antes de emprender un viaje que culminará en la Villa Medici de Roma, sede de la Academia Francesa.
Bajo el título ‘Gabrielle Hébert, amor loco en la Villa Medici’, la mujer del artista da a conocer sus pioneras fotografías al gran público tras más de un siglo eclipsada por su marido, a quien mostró una gran devoción y admiración observable a lo largo de su obra.
Este apego, que le llevó a retratarlo constantemente, a referirse a él como «mi todo» y a conservar todas sus paletas, también da sentido al título de la exhibición; un amor ‘loco’, cuyo clímax se produjo en la Villa Medici, sede de la Academia Francesa en Roma, durante la presidencia de este.
En su tiempo en la ciudad eterna, Gabrielle Hébert fotografió incansablemente la Villa, a la que sus instantáneas finalmente regresarán en febrero de 2027, para exhibirse después en el museo Hébert de La Tronche (sureste de Francia), lugar de defunción de la artista, desde el próximo 6 de marzo.
En total, la exhibición cuenta con más de 120 fotografías de pequeño formato, con las que Hébert plasmó escenas cotidianas y representaciones artísticas con una visión casi cinematográfica, muy avanzada pese a las limitaciones del momento.
Además, no se ciñó únicamente a los jardines de la Villa Medici, sino que viajó por Europa para retratar la realidad de paisajes de toda Italia, particularmente de los pueblos y ruinas de Sicilia, pero también de Francia y España.
En el caso de España, alejó su carrete de los grandes monumentos para captar la cotidianidad de calles como las de Madrid, Burgos o Toledo, pero también dejó algunas estampas bucólicas, como el campo sevillano visto desde un tren en marcha.
Una visitante escocesa aficionada al arte, Gemma Beher, consideró en declaraciones a EFE que la exposición muestra «un trabajo rompedor», que «no se parece a nada que haya visto antes» y que «no es algo que suela verse» en lugares como el Museo de Orsay.
«Que hiciera lo que hizo en ese momento es muy asombroso y mi hijo de 14 años, que evidentemente vive una época muy diferente, me pregunta ‘¿qué tiene esto de especial?’. Y le dije ‘bueno, ¿qué no tiene de especial?’. Si lo piensas, hace tantos años no estaba bien visto coger una cámara e irse de viaje», agregó.
Una visitante jubilada, Claude Bérette, coincidió en que su obra «es muy moderna para la época» y elogió la evolución de su arte «a la vez que evolucionaron las cámaras».
«Él (su marido) estaba muy volcado en sí mismo y en su trabajo, y ella fotografió a mucha gente; a la naturaleza, a los pobres… había vivido en la Villa Medici, que es un lugar cuanto menos privilegiado y, después, se desprendió de ello», añadió.

























