Bélgica revisa el origen ilícito de las obras adquiridas durante la colonización del Congo
 04 febrero, 2024
Bruno Fortea Miras
Tervuren (Bélgica), 4 feb (EFE).- Bélgica lleva años tratando de mirarse a sí misma ante el incómodo espejo del colonialismo, y ahora da un paso más allá en este proceso con la apertura de una exposición que indaga en el origen de algunas obras y objetos que fueron adquiridos de forma ilícita durante la ocupación militar del Congo.
La muestra estará abierta hasta el 29 de septiembre en el Museo Africano de Bruselas, un majestuoso palacio construido a finales del siglo XIX para glorificar la tiránica dominación del Congo que llevó a cabo el rey Leopoldo II, pero que ahora se ha erigido en un espacio de revisión e introspección sobre el pasado colonial de Bélgica, con una colección de unos 129.000 objetos.
Para la comisaria de esta exposición, la historiadora del arte Agnès Lacaille, todas las obras obtenidas en un contexto colonial conllevan por sí mismo «una procedencia problemática» para el Museo Africano, porque «había un desequilibrio de poder entre las poblaciones locales y el colonizador» en el momento de las transacciones.
Objetos robados o confiscados, logrados mediante el engaño a la población local, sustraídos como botines de guerra… hay múltiples posibilidades que pueden marcar el origen ilícito de un objeto que en su día llegó al Museo Africano de Bélgica, y Lacaille se ha encargado de trazar la procedencia de algunos de ellos para esta exposición.
En la muestra hay estatuas -algunas de ellas con propiedades protectoras atribuidas por parte de las poblaciones locales-, amuletos, joyas, máscaras, escudos tribales, instrumentos de música e incluso cráneos y colmillos de elefantes.
Sin embargo, el objeto más icónico de la exposición es la estatua del jefe Ne Kuko, perteneciente a un líder local congoleño, robada por un explorador belga a finales del siglo XIX, y cuya restitución ha sido reclamada hasta tres veces por el país africano, según explica Lacaille en una entrevista con EFE durante una visita al museo.
«Un investigador de nuestro museo se fue al Congo en 2016 para indagar sobre el terreno la historia de la estatua, y encontró a los descendientes actuales del jefe Ne Kuko, que también han presentado una demanda para su restitución», comenta Lacaille.
Para determinar el origen ilícito de los objetos expuestos en la muestra, Lacaille y el resto de organizadores han recurrido a varias técnicas de investigación, que combinan la consulta de archivos e inventarios del propio Museo Africano con técnicas más sofisticadas para «intentar rastrear la transacción original» que tuvo lugar en el Congo.
«Utilizamos fuentes orales, los recuerdos transmitidos a través de la cultura popular en canciones, cuentos e incluso pinturas», añade la comisaria de la exposición.
Según las investigaciones del museo, la mayoría de los bienes de África Central que llegaron a Bélgica durante el colonialismo fueron adquiridos a través de expediciones etnográficas, misiones pensadas para adueñarse de obras de arte u objetos de la vida cotidiana de los pueblos locales y traerlos a Europa para exhibirlos.
Hasta el 25 % de los bienes africanos que hay en Bélgica llegaron al país a través de estas expediciones etnográficas, según los cálculos del museo, que también señala a los soldados y a los funcionarios belgas como responsables, respectivamente, del 15 % y del 12 % de obras adquiridas durante la colonización, seguidos por empresas privadas, marchantes de arte y, a más distancia, misioneros y médicos.
«La idea de que las culturas africanas tradicionales y sus objetos pronto desaparecerían desató una locura por las colecciones masivas de objetos, hubo mucha competencia entre museos y universidades para coleccionar objetos, y fue una moda extendida entre estadounidenses y europeos por igual», destacó Lacaille.
De forma implícita, la exposición pone encima de la mesa el debate sobre la devolución de los bienes culturales y etnográficos adquiridos durante la colonización del Congo, una posibilidad que, según dijo la comisaria, el Museo Africano de Bélgica ya está explorando. EFE
bfm/cat/alf

























