Carlos Andrés Pérez: la voz del estadista en su primera entrevista tras salir de El Junquito (1994)

 15 octubre, 2026

Por: Álvaro Julio Martínez*

Nota editorial

Miami 15 Oct, La Organización de Periodistas Iberoamericanos (OPI) incorpora a su Archivo Histórico esta entrevista inédita realizada al presidente venezolano Carlos Andrés Pérez (CAP) en 1994, tras recibir de la Corte Suprema de Justicia el beneficio de arresto domiciliario, decisión que le permitió abandonar la sede policial de El Junquito.

Se publica como homenaje póstumo a un estadista cuya vida pública marcó profundamente la historia contemporánea de Venezuela y de Iberoamérica.

El contexto histórico de una crisis nacional. El 18 de mayo de 1994, la Corte Suprema de Justicia ordenó la reclusión de Carlos Andrés Pérez en la sede policial de El Junquito, luego de admitir la solicitud de Antejuicio de Mérito presentada por el fiscal general de la República, Ramón Escobar Salom, quien acusó al presidente de presuntas irregularidades en el manejo de 250 millones de bolívares de la partida secreta del Ministerio de Relaciones Interiores.

Según explicó el propio Pérez, aquellos fondos, equivalentes a 17 millones de dólares, habían sido destinados a apoyar la seguridad del gobierno democrático de Violeta Chamorro en Nicaragua.

La decisión de la Corte, por tanto, no fue un acto autónomo, respondió a la iniciativa del fiscal, cuya actuación muchos interpretaron como el inicio de un proceso político que marcaría profundamente el destino de CAP.

En julio de 1994, la Corte Suprema le otorgó el beneficio de casa por cárcel, trasladándolo a su residencia La Ahumada, en El Hatillo, posteriormente, en mayo de 1996 fue condenado a dos años y cuatro meses de arresto domiciliario, y en septiembre de ese mismo año quedó en libertad al considerarse cumplida la condena.

La crisis política que rodeó su enjuiciamiento fue una de las más intensas de la historia venezolana reciente, en 1993, el Congreso autorizó el juicio y Pérez fue separado del ejercicio de la Presidencia.

La actuación del fiscal general Ramón Escobar Salom, quien había sido destituido como canciller en 1977 mientras cumplía una misión oficial en Europa, generó interpretaciones encontradas, ¿cumplimiento del deber institucional o una retaliación tardía?

La prensa de la época, como El Tiempo de Colombia y el diario español El País, recogió la sospecha de que la destitución de 1977 pudo haber dejado una huella personal, historiadores como Germán Carrera Damas, examinaron esta hipótesis en trabajos posteriores.

La entrevista. Un encuentro en medio de la tormenta, la decisión de entrevistar a Carlos Andrés Pérez no nació de la casualidad, en aquellos días, Venezuela vivía bajo nubes densas, cargadas de incertidumbre política y desconcierto social.

El país observaba, con una mezcla de sorpresa y escepticismo, que el juicio contra el presidente Pérez se sustentaba en el manejo de una suma que, para la dimensión económica y estratégica de un Estado petrolero como Venezuela, no parecía proporcional al estruendo político que había desatado.

La opinión pública no terminaba de comprender cómo 250 millones de bolívares, destinados a la seguridad democrática del gobierno de Violeta Chamorro, podían justificar un proceso tan severo, tan abrupto y tan profundamente divisivo.

Muchos venezolanos intuían que la causa visible no era necesariamente la causa real, fue en ese clima, en esa atmósfera de sospechas, silencios y versiones encontradas, donde nació la necesidad de esta entrevista.

Y debo decirlo con honestidad, mi instinto periodístico, durante las horas que el presidente Pérez me concedió, me confirmó, y aún hoy me lo confirma, que el motivo por el cual se juzgó a CAP no fue el que se le hizo ver al país.

Con ese propósito, con esa búsqueda de claridad histórica, se realizó la entrevista en la casa de Esperanza Matos, hermana de Cecilia Matos, en la Avenida San Felipe de La Castellana, Caracas. Fue canalizada por mi vecino en parque central, el Comisario Coromoto Rodríguez, jefe de seguridad del presidente Pérez.

Me acompañó el fotoperiodista César Palacios, hoy integrante del diario El Universal. 

La conversación fue grabada para mi programa sabatino PERFILES, en el Circuito Radial Continente.

Aquel día encontré a un hombre sereno, culto, dueño de una memoria prodigiosa y de una lectura vasta que se reflejaba en cada respuesta. No se lo dije, pero durante toda la entrevista percibí a un hombre solidario con nobles causas, profundamente preocupado por su país y, sobre todo, honesto.

Las palabras de un estadista sobre la crisis nacional; cuando le pregunté qué lectura daba a la situación que atravesaba Venezuela, respondió con una claridad que hoy resulta profética, no quiero ser apocalíptico, pero esto está conduciendo al país a un acelerado deterioro moral y material que puede llevarnos a una de las mayores crisis de nuestra historia.

En uno de los momentos más reveladores de la entrevista, cuando el expresidente reflexionaba sobre el rumbo de la República y los desafíos que enfrentaba la democracia venezolana, le pregunté sobre el Teniente Coronel Hugo Chávez, líder del intento del golpe del 4 de febrero de 1992.

Carlos Andrés Pérez respondió con la serenidad del estadista que conoce las grietas del poder y con la lucidez del lector incansable que ha visto repetirse los ciclos de la historia, él va a ser presidente de la República, pero será el peor error que cometerán los venezolanos desde la época de la colonia.

La contundencia de la afirmación exigía una explicación, le pregunté, ¿Por qué lo afirma, presidente?, CAP, con una firmeza que nacía de la experiencia y del dolor republicano, respondió, porque es un vengador, incapaz, y doy por sentado que va a instaurar una dictadura.

No lo dijo con rabia ni con resentimiento, lo dijo con la gravedad de quien entiende que la democracia es un cristal frágil y que, cuando se quiebra, las generaciones futuras pagan el precio. Sus palabras fueron un diagnóstico del alma nacional, una advertencia sobre el riesgo de confundir la esperanza con la revancha, y una lectura anticipada del peligro que se avecinaba.

Sobre la actuación de Acción Democrática, continuamos conversando sobre el clima político de la época y las tensiones que atravesaba el Congreso, mientras CAP mantenía la serenidad que caracterizó toda la entrevista.

Sobre Ramón Escobar Salom, al preguntarle por el fiscal general, su respuesta fue breve, firme y sin molestia, los hechos siempre hablan por sí solos, y la historia, que no se equivoca, ubica a las personas en el espacio que corresponda a sus acciones.

El trasfondo histórico del conflicto con Escobar Salom. Como es del dominio de la opinión pública, en 1977, mientras Escobar Salom cumplía una misión oficial en Europa como canciller, recibió una llamada de su hijo notificándole que tenía información de fuentes fidedignas, que había sido destituido de la cancillería y reemplazado por Simón Alberto Consalvi, la decisión lo tomó por sorpresa y lo llevó a interrumpir su viaje, trasladándose primero a París y luego a Caracas.

Años después, en 1989, durante el segundo gobierno de CAP, Pérez aceptó que Escobar Salom fuese designado fiscal general de la República, una paradoja que la historia aún examina.

Cuando en 1993 Escobar solicitó el enjuiciamiento de Pérez, algunos sectores interpretaron su actuación como una posible revancha personal, hubo quien expresara, lo sabía…

Un testimonio para la historia, la entrevista que hoy publica la OPI no es solo un documento periodístico, es el retrato íntimo de un hombre que, en medio de la adversidad, conservaba la serenidad del estadista y la lucidez del lector incansable.

Carlos Andrés Pérez fue un protagonista central de la democracia venezolana, un líder que enfrentó crisis profundas y que, aun en los momentos más difíciles, mantuvo una visión clara sobre el destino de su país.

Este testimonio queda incorporado al Archivo Histórico de la Organización de Periodistas Iberoamericanos, como homenaje a su vida pública y como contribución a la memoria democrática de Venezuela.

*presidente 

 Organización de Periodistas Iberoamericanos (OPI)