Elecciones legislativas, una votación crucial para la gobernabilidad del sucesor de Petro

 05 marzo, 2026

Jorge Gil Ángel

Bogotá, 5 mar (EFE).- Colombia elegirá el próximo 8 de marzo a los nuevos integrantes del Senado y de la Cámara de Representantes para el periodo 2026-2030, una votación crucial para la gobernabilidad que tendrá el presidente que suceda a Gustavo Petro a partir del 7 de agosto.

Estos comicios anteceden a las elecciones presidenciales del 31 de mayo, a las que llegan como favoritos, según las encuestas, el senador izquierdista Iván Cepeda, del partido de Petro, y el abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella.

Para el profesor Yann Basset, de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, es difícil que las elecciones del próximo domingo «digan de antemano si habrá un Congreso más o menos afín» al próximo presidente porque la lucha por la jefatura de Estado está totalmente abierta.

La disputa legislativa se centra en el oficialista Pacto Histórico, del que hace parte Petro, y el opositor Centro Democrático, liderado por el expresidente Álvaro Uribe, quien busca volver al Senado. Ambos partidos son los favoritos para obtener la mayor cantidad de escaños en ambas Cámaras.

Sin embargo, el experto asegura a EFE que en el medio están «los partidos tradicionales» -como el Liberal, el Conservador, la U, Cambio Radical y la Alianza Verde- «cuyo comportamiento es siempre muy difícil de anticipar y que no votan en bloque», así como las coaliciones «entre muchas fuerzas».

«Vamos a tener un cierto nivel de fragmentación que no permite una lectura tan sencilla», añade Basset.

Para el Senado están en juego 103 escaños, de los cuales 102 se elegirán este domingo, y el 103 será para el candidato que obtenga la segunda mayor votación en las elecciones presidenciales. Lo mismo sucede en la Cámara, donde serán elegidas 182 curules y la 183 será para el compañero de fórmula del segundo más votado a la Presidencia.

Política de alianzas

En 2022, cuando Petro ganó la Presidencia, su Gobierno se alió a sectores de partidos tradicionales como el Liberal, el Conservador y la U y conformó una coalición que se fue desmoronando con el paso de las semanas por los ataques del mandatario a sus nuevos aliados.

La relación entre el presidente y el Congreso resultó más tortuosa de lo que se esperaba, con enfrentamientos públicos por temas como el poco avance de las reformas sociales del Gobierno en Senado y Cámara.

«Con él (Petro) fueron muy difíciles las relaciones por su manera de ser. Él es un caudillito venido a más y entonces se cree salvador del mundo», asegura a EFE el profesor Alejo Vargas, investigador de la Universidad Nacional.

Sin embargo, el experto vaticina que la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, cualquiera que sea el ganador de la Presidencia, serán mejores porque, en su opinión, el problema en esos cuatro años fue la actitud de Petro. «Creo que las relaciones van a ser distintas», subraya.

La incógnita de Comunes

El Partido Comunes, surgido de la desmovilización de la guerrilla de las FARC, tuvo en los dos últimos periodos (2018-2022 y 2022-2026), diez escaños adjudicados a dedo, cinco en el Senado y cinco en la Cámara, beneficio otorgado por el acuerdo de paz de 2016, sin necesidad de elección popular, que termina este año.

Para continuar con representación legislativa, el partido bajó a la arena política y debe obtener este domingo al menos un escaño para mantener su personería jurídica (registro legal), un reto nada sencillo por su escaso apoyo popular.

Por esa razón, Comunes se alió al movimiento izquierdista Fuerza Ciudadana para presentar una lista conjunta al Senado que tiene como cara más visible del partido a la congresista Sandra Ramírez, viuda del fundador de las FARC, Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo.

«Comunes tenía la posibilidad de fusionarse dentro del Pacto Histórico con otros partidos, lo que para ellos era muy difícil porque parte de su reivindicación, de su razón de ser, del discurso histórico que mantuvieron las FARC» es que «no les dejaban participar en política, que el sistema era excluyente», afirma Basset.

El experto agrega que para Comunes, sumarse a otra fuerza «era en cierto modo traicionar el acuerdo de paz», y además en estos ocho años en el Congreso su trabajo fue muy pobre y no convencieron a la ciudadanía como «para volverse una fuerza política lo suficientemente grande y mantenerse sola».

«En un escenario de fragmentación política, es muy difícil que un partido que además no era visto con buenos ojos tampoco en los campos de la izquierda» hubiese «podido consolidarse», lo que representa «un mensaje pésimo para los procesos de paz», afirmó por su parte Vargas sobre el destino de Comunes.