La mexicana Martha Bátiz saca de la sombra a Isabel Saavedra, la hija oculta de Cervantes
 03 mayo, 2026
Ana Báez
Ciudad de México, 3 may (EFE).- La sombra que opaca la figura de Isabel de Cervantes y Saavedra, hija del autor de ‘El Quijote’, es producto de ensayos y biografías escritos, en su mayoría, por hombres “que tenían una visión muy masculina del mundo”, afirma la novelista Martha Bátiz, quien dedicó 12 años de su vida a desempolvar ese machismo en su libro ‘Las Cervantas’.
Bátiz (Ciudad de México, 1971) dudaba si ella, una mexicana radicada en Canadá, era la indicada para repensar la historia de la joven española en una versión que no la sentenciara como “bastarda” por haber nacido fuera del matrimonio ni como “libertina” por haber crecido en una taberna junto a su madre Ana de Villafranca, cuya muerte la acercó a su padre.
“Estuve esperando muchos años a que alguien la escribiera en España, pero cuando llegó la pandemia los personajes me hablaban todo el tiempo; ya querían salir, y muy pronto me di cuenta de que no sería solo la historia de Isabel, sino también la de todas las mujeres que la formaron”, relata la doctora en Literatura por la Universidad de Toronto en una charla con EFE.
El peso de ‘Las Cervantas’
Las otras protagonistas de la novela -Magdalena, Andrea y Constanza, denominadas despectivamente “las cervantas”- son las hermanas y la sobrina de Cervantes, quienes fueron juzgadas “por ser autosuficientes” e incluso encarceladas por el supuesto asesinato del caballero Gaspar de Ezpeleta.
“Eran mujeres muy fuertes”, subraya Bátiz, quien explica que, sin ellas, el mundo jamás habría conocido al ingenioso hidalgo que cambió el curso de la literatura, pues fueron Magdalena y Andrea, junto con su madre, Leonor de Cortinas, las que pagaron el rescate del escritor, secuestrado en Argel y liberado en 1580.
“Nosotros tenemos a Cervantes gracias a que ellas se mataron trabajando durante cinco años para poder pagar ese rescate”, enfatiza.
La novela también rescata la figura de Catalina de Salazar, una de las primeras expertas cervantinas, tras haber leído al derecho y al revés la obra de su esposo y difundirla, como lo hizo al financiar ‘Los trabajos de Persiles y Sigismunda’ (1617), la última obra del escritor alcalaíno.
“Hay tanto que se les debe a estas mujeres y no se les da crédito; para mí era importante honrarlas y darles un nuevo lugar en la historia”, reconoció sobre lo que significa este libro, que ha sido reconocido por las españolas Irene Vallejo y Rosa Montero.
Isabel, una ‘rara avis’
Rescatar a Isabel implicó analizar cientos de documentos históricos e imaginar, a miles de kilómetros de distancia, Madrid o Valladolid, ciudades por las que transitó la familia Cervantes a partir de 1599.
Esa fue la fecha en la que Isabel, con 15 años, atravesaba el duelo por su madre y recibía la noticia de que su verdadero padre era un hombre apenas reconocido en el mundo de las letras, quien al inicio se negó a darle su apellido y, para ocultarla de su esposa, la relegó a la servidumbre.
“Cervantes, como padre, fue lo mejor que pudo ser con lo que se podía hacer en esa época; para malos padres, Lope de Vega”, admite la autora, para quien el dramaturgo español se caracterizó por abandonar a sus hijos ilegítimos.
El problema, argumenta la novelista, es que el ojo académico masculino que escribió sobre Isabel no alcanzó a mirarla como era: “una rebelde y una ‘rara avis’ de su época” que, “pese a tener una adolescencia fracturada”, logró acumular una importante fortuna gracias a su talento para los negocios.
“Esta mujer se volvió un monstruo en el manejo del mundo de los hombres, con una inteligencia increíble; cualquier resquicio de debilidad al inicio de su vida, al final, se desvaneció, pese a haber sufrido muchísimo”, ahonda.
Aunque la historia de ‘Las Cervantas’ no es totalmente desconocida y ya se ha contado en obras de teatro, Bátiz sueña con que este libro llegue por primera vez a la gran pantalla, incluso lo imagina adaptado como una miniserie en Netflix. EFE
























