Menos días de clase, ataques de colonos y redadas: la crisis educativa en Cisjordania

 14 febrero, 2026

María Traspaderne

Nablus (Cisjordania), 14 feb (EFE).- Mohamed y Ahmed, gemelos de 10 años, se pasan dos días a la semana en casa solos mirando el móvil. Zeid aprende inglés por su cuenta con el sueño de estudiar fuera. Los tres son víctimas de la crisis educativa que afecta a Cisjordania desde hace años con el trasfondo del recorte de sueldos a maestros, los ataques de colonos y las redadas israelíes.

Desde que en marzo de 2023 el gobierno de la Autoridad Palestina empezara a pagar el 60 % del sueldo a los profesores -por la reducción de las ayudas internacionales y la asfixia económica a la que se ve sometida por Israel-, las escuelas públicas solo abren tres días a la semana.

Al recorte de días lectivos se suman los ataques de colonos israelíes, la desaparición de centros educativos en el norte de Cisjordania por la campaña militar israelí y el cierre de colegios de la ONU en Jerusalén Este.

Empujados a dejar la escuela

No hay datos de abandono escolar en Cisjordania, pero la directora del colegio de Mohamed, Ahmed y Zeid asegura que en los últimos dos años, desde los ataques de Hamás de octubre de 2023, entre el 7 y el 10 % de sus alumnos han dejado su escuela primaria.

«El nivel ha bajado de forma importante. Solo damos matemáticas, árabe e inglés. No hay tiempo para ciencia», dice Aisha Jatib, responsable del colegio Al Zanabia de Nablus, ciudad norteña rodeada de colonias israelíes con redadas frecuentes del Ejército israelí.

En Cisjordania hay unos 800.000 niños en edad escolar y casi el 80 % van a colegios públicos. El resto aprende en centros privados o bien de la UNRWA, la organización de la ONU que asiste a los cientos de miles de palestinos refugiados en este territorio ocupado por Israel.

Según la UNESCO, la tasa de no escolarización de 2023 -última disponible- fue la más alta desde 2015 (11,6 %), en un territorio con un 46 % de adultos con estudios de bachillerato superior y casi un 29 % de universitarios.

Un «desastre académico»

Zeid se queja a EFE junto a su colegio vacío de que, con tres días, los profesores no tienen tiempo de explicar toda la materia, por lo que intenta llenar esos huecos estudiando en casa.

Su madre, Iman Hasanin, explica a su lado que no puede permitirse cambiarlo a un privado. Cuestan unos 13.000 séqueles al año (3.600 euros) y en su casa solo trabaja ella, con lo que apenas le quedan 500 séqueles (135 euros) para comida tras pagar el alquiler y los gastos.

«Muy pocas familias los llevan a un privado», dice Iman. El padre de los gemelos, Brahim al Haj, cuenta que los niños se quedan solos en casa dos días a la semana porque tanto él como su mujer trabajan. «Están todo el día con el móvil», resume.

Tamara Shtaie es una de las profesoras que, a pesar del recorte, siguen trabajando. Otros han dejado la docencia para buscar empleos que les den más dinero. El sueldo de un maestro, explica, era de entre 2.000 y 2.500 séqueles (550 y 690 euros) al mes, rebajado ahora a poco más de la mitad.

«Reducir la jornada escolar a tres días es una muy mala idea», dice preocupada, porque «daña el nivel de los estudiantes y amenaza su futuro debido al bajo rendimiento académico, la distracción, la pereza y el estrés psicológico».

En resumen, «un desastre académico» que provoca «un nivel educativo muy bajo», que ella intenta cubrir reuniendo a los estudiantes en su casa para aumentar el nivel.

Colonos quemando escuelas

A la reducida semana escolar se unen las decenas de miles de alumnos que sufren la violencia de los colonos israelíes, la cual alcanzó máximos históricos en 2024 y 2025.

La ONU denuncia en sus informes ataques vandálicos de colonos a escuelas, que han obligado a cerrar algunas. Es el caso de las tres que, solo en la Gobernación de Nablus, han sido incendiadas por colonos en los últimos dos meses.

Algunos centros educativos, sobre todo de la zona C de Cisjordania -bajo control civil y militar israelí-, están además en riesgo de demolición de las autoridades israelíes, a las que se suman las de la UNRWA forzadas por Israel a cerrar, y a las destruidas por operaciones militares israelíes en las ciudades norteñas de Yenín y Tulkarem.

La crisis educativa, agregada a la crisis económica, empuja a niños como Jalal a dejar el colegio y trabajar. Desde hace un año, este adolescente de 15 años tiene un puesto ambulante de dulces y zumos en una concurrida calle de Nablus.

No quería estudiar, explica, y necesitaba ayudar a la familia. Una situación que le llevó a dejar las clases a cambio de ganar 40 séqueles (10 euros) al día.