Pekín, París y Londres, improbables socios de un pacto de desarme que expira sin sustituto

 04 febrero, 2026

Marta Garde

Redacción Internacional, 4 feb (EFE).- La posibilidad de que la expiración del tratado Nuevo START de Reducción de Armas Estratégicas entre EE.UU. y Rusia abra la puerta a un nuevo pacto también con China, Francia y el Reino Unido es una hipótesis más optimista que factible: no hay negociaciones a la vista y esos tres gobiernos ya han mostrado su negativa o reticencias.

El tratado se remonta a 2010, bajo los mandatos de Barack Obama (2009-2017) y Dimitri Medvédev (2008-2012), y tenía una vigencia de diez años, prorrogable una sola vez por otros cinco. Su plazo expira este jueves, y aunque EE.UU. propuso en el pasado la participación de China y Rusia hizo lo propio con Francia y el Reino Unido esa vía no ha prosperado.

«No hay opciones, en el sentido de que no hay negociaciones y nadie siquiera las está planeando. No hay diálogo sobre control de armas», señala a EFE el analista ruso Nikolai Sokov, del Centro de Viena para el Desarme y la No Proliferación (VCDNP).

La Administración de Donald Trump cree que debe ser sustituido por un pacto nuevo que incluya a China, dado su creciente inventario de armas atómicas, razón por la que no ha movilizado recursos en pro de un documento virtualmente idéntico que reemplace al Nuevo START, conocido también como START III.

El actual limita a 1.550 las ojivas nucleares estratégicas listas para su uso, a 800 los medios de lanzamiento y a 700 la cifra de estos últimos que estén desplegados.

Negativa de China, Francia y el Reino Unido

China ha descartado sumarse a un eventual nuevo texto al considerar que su arsenal «no está al mismo nivel» que el de EE.UU. y Rusia y que exigir su participación en igualdad de condiciones es «injusto, irracional e inviable».

Pekín sostiene que Washington y Moscú, que concentran cerca del 90 % de las armas nucleares del mundo, deben asumir una «responsabilidad especial y prioritaria» y liderar primero el desarme con recortes sustanciales que creen las condiciones para un proceso multilateral posterior.

Las autoridades chinas defienden, además, que su política nuclear es de carácter defensivo, basada en el principio de no primer uso, en el compromiso de no emplear ni amenazar con armas nucleares a países no nucleares y en el mantenimiento de una fuerza limitada al mínimo necesario para la disuasión.

Francia se apoya igualmente en la diferencia entre su arsenal nuclear y el de las dos grandes potencias. Según indicó su Ministerio de Exteriores en enero, su situación es «muy específica» ya que su capacidad está muy por detrás de la de EE.UU. y Rusia y su objetivo no es alcanzarlos, sino tener una «estricta suficiencia».

A su vez, el Ejecutivo británico admitió en junio de 2025 que en cuanto el Nuevo START expire «el futuro del control de armas estratégicas -al menos a corto plazo- no parece prometedor», y aunque mantiene su compromiso con el Tratado de No Proliferación Nuclear, no ha manifestado intención de someter su arsenal a ese eventual nuevo marco.

Para Rafael Grasa, investigador sénior en el centro de investigación en relaciones internacionales CIDOB, aunque la entrada de más países en un eventual sustituto del Nuevo START sería posible, «un tratado bilateral es más sencillo» y tanto Estados Unidos como Rusia son los propietarios de los grandes arsenales y quienes tienen tradición negociadora al respecto.

¿Posible escalada?

Sokov, que de 1987 a 1992 trabajó en el Ministerio de Exteriores ruso y participó en las negociaciones de los tratados START I y START II, que precedieron al que ahora expira, anticipa a partir de ahora un refuerzo de los arsenales de China, Francia y el Reino Unido.

«No se puede disuadir con arsenales muy pequeños y muy vulnerables. Así que habrá cierto refuerzo, no tanto en términos de cantidad, sino de nuevo armamento», señala el experto, para quien la coyuntura actual, «inestable y muy peligrosa», hace que pueda haber una escalada «en cualquier momento».

Sin el actual tratado ni perspectivas de sustituirlo a corto plazo, ¿qué cabe esperar? «Necesitamos medidas de reducción de riesgos», resume Sokov: «Todo el mundo debería actuar con cautela en su política. El sistema internacional está cambiando. No es un buen entorno para el control de armas, pero no creo que haya otra opción».