Portugal no logra frenar un éxodo joven que la inmigración no resuelve
 02 febrero, 2024
Paula Fernández
Lisboa, 2 feb (EFE).- Uno de cada cuatro jóvenes lusos vive en el extranjero mientras Portugal echa de menos mano de obra cualificada en varios sectores, una paradoja que incluso se ha colado en la precampaña electoral y que la llegada de inmigrantes en busca de un futuro mejor no consigue resolver.
Carlos emigró a España porque en Portugal sólo «sobrevivía» con el salario mínimo. Ghada es libanesa y llegó a Lisboa en busca de seguridad y un sitio donde empezar de cero tras perder su empresa en Ucrania.
Son las dos caras de un país que ve marchar a cerca de 60.000 portugueses cada año, el 70 % de ellas jóvenes menores de 40, según datos del Observatorio de la Emigración del Instituto Universitario de Lisboa (Iscte).
Carlos Baptista es uno de ellos. Este ingeniero de 28 años, natural de Guimarães (norte), se mudó a Barcelona con su novia en 2022 para trabajar en una multinacional del sector automóvil, tras años cobrando el salario mínimo en Portugal.
«Básicamente trabajas para sobrevivir, para pagar las cuentas y poco más. Y en algunos casos casi no da para pagar los gastos del mes», lamenta a EFE.
La diferencia con lo que cobra en España es «muy grande» y, aunque el coste de vida es «un poco más caro», compensa: «Es posible vivir mejor que en Portugal», señala.
El salario mínimo en Portugal está actualmente en 820 euros, por debajo de los 1.134 de España, mientras que índices de plataformas como Idealista y HousingAnywhere ya sitúan los precios del alquiler de Lisboa por encima de los de Madrid.
La diferencia es todavía mayor respecto a otros países europeos, como Holanda, destino que ha ganado adeptos entre los portugueses en los últimos años, cuenta a EFE el coordinador científico del Observatorio de Emigración, Rui Pena Pires.
Entre los que dejan el país hay cada vez más jóvenes altamente cualificados.
«La mayoría de los movimientos son de jóvenes en busca de empleos mejor remunerados o incluso que no existen en Portugal», como ciertos puestos en la industria aeroespacial, ejemplifica el sociólogo.
Estas marchas contrastan con la falta de mano de obra cualificada que sufre Portugal en algunos sectores, como el de la construcción.
La llegada de inmigrantes no logra compensar estas lagunas, a pesar de que el saldo migratorio es positivo porque el país es destino cada año de miles de extranjeros en busca de un futuro mejor.
Es el caso de Ghada Zogheib, nacida en el Líbano hace 39 años. Puso rumbo a Ucrania en 2020 y llegó a montar su propia empresa de consultoría y servicios, pero después estalló la guerra.
«Perdí todo en Ucrania. Dinero, mi coche, mi empresa, todo. Vine aquí con una maleta y algo de ropa», relata a EFE.
Su mejor amiga vivía en Portugal y le dijo que el papeleo oficial y conseguir la residencia era más fácil que en otros países europeos, así que se plantó en Lisboa tras un largo viaje por carretera de dos semanas.
Dos años después, trabaja en un servicio de atención al cliente en inglés y árabe, y asegura que es relativamente fácil encontrar un empleo si eres extranjero, porque «hay muchas empresas multinacionales con un montón de proyectos para diferentes países».
También es sencillo abrir una empresa, y ya se ha puesto a ello para recuperar su antiguo negocio.
«Me gusta estar aquí. Me gusta el país, el clima, la gente, la naturaleza, el trabajo (…) Cambié varias veces de país por razones de seguridad. Y aquí me siento segura, a salvo», explica.
La seguridad es uno de los factores que más atraen a los inmigrantes a Portugal, por ejemplo a los brasileños, que suponen el 30 % de los residentes extranjeros.
«Todavía no estoy casada, pero si planeo tener una familia aquí es un lugar ideal para criar a tus hijos porque es un país pacífico», señala Ghada.
Las familias de inmigrantes están compensando los efectos que la marcha de portugueses jóvenes al extranjero tiene en una ya de por sí baja natalidad, pero en el mercado de trabajo es más complicado suplir esas lagunas.
El nuevo Gobierno que salga de las urnas el próximo 10 de marzo tendrá el reto de convencer a sus jóvenes de que pueden tener un proyecto de vida en Portugal, y por eso se han convertido en un tema asiduo en la precampaña electoral.
Las medidas que se han tomado hasta ahora, como los incentivos fiscales para emigrantes que regresen o para los jóvenes en su primer empleo, así como la devolución de las matrículas universitarias si trabajan en Portugal, no parecen tener mucho efecto.
«Llegan tarde», dice Carlos, que pide más apoyos para el alquiler o la compra de vivienda y una reducción real de los impuestos.
Desde el Observatorio de Emigración, Pena Pires insiste en que hay que apostar por el desarrollo.
«Si tuviésemos políticas de desarrollo que atenúen progresivamente, pero a un ritmo más acelerado del actual, las desigualdades entre Portugal y otros países, habrá menos portugueses que emigren», concluye. EFE
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