Maribel A. Pizá: Cuando la vocación se convierte en refugio para el inmigrante

 26 abril, 2026

ENTREVISTA DOMINICAL –

Por: Álvaro Julio Martínez.
Colegio Nacional de Periodistas de Venezuela # 8.440.
National Press Club de Washington #17694.

La trayectoria de la abogada Maribel A. Pizá, confirma que la vocación auténtica no se improvisa, se construye, se honra y se ejerce con carácter. Su paso por la vida militar, su formación académica, su sensibilidad humana y su compromiso con los inmigrantes la convierten en un referente de entrega y profesionalismo. Su historia no solo inspira, recuerda que servir al prójimo es una forma elevada de grandeza.

Doctora ¿cómo describiría sus orígenes y la influencia de su familia en su vocación?

Nací en Chicago, hija de padres cubanos y con ancestros anglosajones. Mi madre, Aurora Rodríguez, fue una mujer extraordinaria, una pianista dedicada que me acompañó hasta el último día de su vida. Su disciplina, su sensibilidad y su entrega marcaron profundamente mi camino. Desde los cinco años estudié en el Conservatorio de Música de Miami, y esos recuerdos siguen siendo una fuente de gratitud con mi madre y con la vida.

Usted formó parte de la primera promoción de mujeres en academias militares de los Estados Unidos. ¿Cómo llegó a ese mundo?

Ingresé a una prestigiosa academia militar en Connecticut. Formé parte de la primera promoción de mujeres en academias militares del país, y fueron cuatro años intensos, de grandes aprendizajes. Siempre fui la primera estudiante de mi clase y obtuve varios reconocimientos por desempeño.

Una de las experiencias más significativas fue haber sido seleccionada para viajar en un buque escuela. Era un barco de 277 pies de largo, de origen alemán, que tras la Segunda Guerra Mundial pasó a manos del Ejército de los Estados Unidos. Nosotros lo llamábamos El USCGC EAGLE. En 1988 viajamos a Australia representando a los Estados Unidos en el Bicentenario de ese país. Después recorrimos otros destinos del
mundo.

La vida militar es hermosa, pero la soledad del mar es profunda. Con el tiempo entendí
que mi vocación estaba en otro lugar.

¿Qué la llevó a dejar la vida militar y orientarse hacia el derecho?

Tras renunciar, estudié Administración de Empresas y obtuve mi título en Business, pero sentía que algo faltaba, cuando inicié los estudios de Derecho, todo encajó, me sentí ensamblada con la profesión. Luego cursé varias maestrías que fortalecieron mi práctica. Para mí, el derecho es un apostolado, cada caso lo siento propio, y la felicidad de mis clientes es mi mayor recompensa.

Es propicia la ocasión para traer al momento una frase de un gran escritor, “La felicidad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en querer lo que uno hace”, al respecto, me atrevo agregar, que en la medida que el ser humano sienta la pasión de lo que realiza, en esa misma medida tendrá la reciprocidad en su respectiva labor.

Su vida dio un giro importante tras el huracán Katrina. ¿Cómo vivió ese momento?

Vivía en Luisiana cuando ocurrió la tragedia del Huracán Katrina. Lo perdí todo, vivienda, vehículos, bienes, regresé a la casa de mis padres en Florida y comencé de nuevo. Fue entonces cuando comprendí que el inmigrante era quien más necesitaba apoyo, por ello decidí dedicarme a defender sus derechos y a acompañarlos en su proceso de integración a esta gran nación.

¿Qué representa para usted trabajar con inmigrantes?

Es un honor, los inmigrantes son pilares del desarrollo de los Estados Unidos. Aportan, trabajan, construyen, yo solo pongo mis conocimientos al servicio de quienes llegan buscando un futuro mejor. La Constitución representa personas, y eso es lo que hago, representar vidas, historias, esperanzas.

Su trayectoria ha sido reconocida en instituciones de prestigio global. ¿Qué significan esos galardones para usted?

He recibido reconocimientos en el Graham Center de la Universidad Internacional de la Florida, en Miami, en el Auditorio de la Universidad de la Sorbona en París, donde fui distinguida como Personalidad del Año, y en el 2026, en la Universidad de La Sapienza en Roma. Son honores que agradezco profundamente, porque reflejan una vida de servicio y la felicidad de muchas personas a quienes he tenido la satisfacción de representar.

¿Además de su labor jurídica, participa activamente en organizaciones profesionales y comunitarias?

Sí, formo parte de asociaciones de abogados de inmigración en Estados Unidos, directiva de la Asociación de Mujeres Empresarias, y a finales de mayo, una comisión viajaremos a Washington D.C. para reunirnos con legisladores en búsqueda de fortalecer oportunidades para la mujer profesional, al tiempo de ser presidenta electa del Rotary Club en Florida, una responsabilidad que asumo con entusiasmo y con la convicción que continuamos trabajando desde todos los espacios en los cuales tenemos el privilegio de servir.

La vida de la abogada Maribel A. Piza, es sinónimo de vocación de servicio. Antes de iniciar su camino en el Derecho, obtuvo un título en Business, formación que le dio una visión amplia del funcionamiento social y económico del país al que hoy sirve desde la abogacía, dice que cuando ve el rostro feliz de alguien a quien ha representado profesionalmente, siente una inmensa satisfacción del deber cumplido, una alegría íntima que confirma que eligió el camino correcto. Para ella, cada caso es una vida, una historia, una esperanza que merece ser defendida hasta con el alma.